domingo, 24 de abril de 2016

X Men: odiados y temidos por la editorial a la que pusieron en lo más alto.

No sería exagerado afirmar que el éxito de la Marvel de los 80's, 90's y todavía la primera mitad de la decada del 2000 se debió a la franquicia de X-Men. El trabajo de Chris Claremont al mando de los mutantes desde finales de los años 70 sentó las bases que durante mucho tiempo explotaría la editorial, cual gallina de los huevos de oro inagotable. Para comprobar lo anterior sólo es necesario echar una mirada a la cantidad de productos derivados que surgieron de la franquicia: múltiples series satélite,  video juegos,  serie animada propia y aparición de sus personajes en las de otros y películas de imagen real. Es cierto que durante esos años hubo etapas de distintos cómics Marvel memorables, pero X-Men se alzó por encima de ellas como la serie más vendedora y más trasladada a otros medios, sin demeritar la resonancia que para siempre tendrán el Daredevil de Frank Miller, el Hulk de Peter David o los Cuatro Fantásticos de John Byrne.

Alrededor de 1992-1993 eran múltiples los equipos X con colección mensual, desde los paramilitares X-Force, los europeos Excalibur, o la nueva cantera de Generación X, algunos con aventuras más disfrutables que otros, pero casi ninguna  historia con el nivel de relevancia que las que había narrado Chris Claremont al lado de dibujantes como Byrne, Alan Davis, Dave Cockrum, Marc Silvetri o Jim Lee. Pero todas eran series que vendían más o menos bien.

Los grandes eventos que se sucedían en las series mutantes resonaban por todo el cosmos Marvelita, con las consecuencias de historias como Infierno, Días del Futuro Pasado, Masacre Mutante e incluso la infame Onslaugth haciendo eco en las colecciones de otros personajes. Eso en el plano de la ficción, pero también creativamente hablando, donde los X-Men marcaron durante años el rumbo a seguir para hacer una buena colección de un grupo de Superheroes, tanto estéticamente, como dan fe de ello los Avengers con chaquetas de cuero de inicios de los 90, como aquélla Mujer Invisible que vestía a la usanza de Psylocke; pero también sentaron precedente sobre como abordar las relaciones interpersonales de los componentes de un  equipo, como indudablemente tomaron nota Marv Wolfman y George Perez en sus maravillosos New Teen Titans.

Luego, años después de todo ese periodo de grandeza, pareciera que los X-Men son una pequeña nota al margen en el gran libro que traza el devenir del Universo Marvel. Todo empezó con la directriz de los altos mandos de la editorial de poner en la primera plana a los Avengers, para lo cual Brian Michael Bendis se abocó a la tarea de enfocar su etapa inicial en ese grupo en convertir a los Héroes más poderosos de la tierra en un simil de la JLA Deceíta, colocando como miembros de ese equipo a los personajes más mediáticos de la compañía en ese entonces: Daredevil, con película casi recién estrenada (no se lo permitirían, pero de inicio fue la intención, como se advierte de su rol en la génesis del grupo); Wolverine, siempre popular pero más después de su versión cinematográfica interpretada por Hugh Jackman; y Spiderman, cuyos films dirigidos por Sam Raimi estaban haciendo millones en la época; todos ellos al lado de los Vengadores de toda la vida, Iron Man y Capitán América y un viejo conocido de Bendis de nombre Luke y apellido Cage, además de Jessica Drew, a quien recuperó del olvido. El resultado fue el regreso de los Avengers a los puestos más altos de las listas de ventas. Después, el inicio del Universo Marvel Cinematográfico, acabaría por marginalizar más a unos X-Men cuyos derechos fílmicos en manos de la Fox los ponían fuera de las prioridades de la editorial. 

Pronto, al dejar de ser relevantes para Marvel, los mutantes cayeron  en un vaivén constante de autores de lo más diversos que, aunque algunos aportaron ideas más o menos originales, no han aportado nada trascendente o novedoso a la historia del grupo de Superheroes rechazados por la sociedad. Complejos de mesías, desbandadas del equipo, división en dos bandos sólo porque si, una pelea con los Avengers todavía más injustificada; algunos de estos escenarios han dado lugar a algunas propuestas cuando menos entretenidas, como la evolución de la ideología de un Cíclope cada vez más insurgente, que si bien abraza el sueño del Profesor X lo lleva por nuevos caminos adoptando una postura más determinada que nunca al proteger a la raza mutante.

Luego, lo peor de todo es que, al contrario de sus días de gloria en los cuales los X-Men habitaban su rincón particular del Universo Marvel, con sus propios entornos y problemáticas particulares, las historias actuales de los mutantes se encuentran supeditadas a las directrices que les llegan por mandato editorial: que si no más mutantes, pues todos pierden los poderes, que si hay que hacer ver bien a los Avengers, pues Cíclope y su grupo pierden la cabeza y cometen atrocidades, tirando por la borda todos los claro oscuros que tan bien se habían manejado con Scott Summers (Y todo el trabajo de Kieron Guillen), tornándose más en villanos, por más influenciados por la Fuerza Fénix que estén, que si ahora importan los Inhumanos, pues ahora los mutantes se están muriendo, otra vez. Si para Marvel los X-Men no son importantes ahora por lo menos deberían dejar a los autores involucrados hacer buenas historias, a su ritmo.

Y luego está esa sensación  de que se ha perdido una conexión con los personajes, con una o más escuelas para jovenes dotados en funcionamiento, cada una con un muy amplio reparto de personajes viejos y nuevos. En posteriores entradas abundaremos al respecto de las nuevas series mutantes surgidas después de las Secret Wars de Jonathan Hickman.

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